Querida Familia y amigos;
Domingo 27 y lunes 28
Sigo enterita y con una sonrisa de oreja a oreja. Para resumiros mis últimas horas desde que dejé suelo español, cuando aterrizamos en Casablanca tratamos de coger un taxi para visitar el país pero nos querían cobrar 25 euros y después de regatear todo lo que podíamos decidimos que habíamos perdido tanto tiempo que el tren que llevaba a Casablanca por 3,5€ estaba a punto de salir y que sería una experiencia interesante y sobretodo barata. Entonces nos montamos en el tren y la verdad es que resultó muy agradable, conocimos a una marroquí moderna con la que estuvimos hablando en inglés todo el rato de todos los temas porque a Carlos le encanta las preguntas como dice él “interesantes a nivel social” y la verdad es que nos solucionó la vida porque con las cuatro palabras de francés que habla Carlitos estábamos apañados. Tuvimos que cambiarnos de tren y nuestra amiga nos abandonaba (por lo que Carlos volvía a la acción, horror) pero encontré a otra chica moderna que nos ofreció llevarnos en coche hasta la mezquita (su novio la esperaba). La mezquita es la Almudena de las mezquita, monstruosa pero espantosa. Viendo el fracaso de nuestra visita y sin que nos dejasen entrar a verla decidimos irnos al restaurante que nos dijo nuestra primera marroquí y nos dimos un festín. Después de nuestra gran comida fuimos al zoco que era gracioso pero por lo cutre que era.
Omitiendo los últimos detalles de Casablanca que no valen nada, voy a contaros el vuelo que tuvimos. Lo cogimos a las 12 de la noche (hora española) convencidos de que íbamos a dormir como angelitos nuestra sorpresa no sólo fue que no estuviese vacío sino que olía a mono putrefacto. Madre mía, no os imagináis, que olor, que humedad, si se hubiese subido un mosquito nos hubiese matado vivos porque a cualquiera que picase antes que nosotros lo mejor que tendría sería la malaria. El vuelo hacía escala técnica en Liberia donde se subieron todavía más gente, vamos un infierno de viaje. Pero por fin llegamos a Sierra Leona, un aeropuerto que no está tan mal como pintaban (vamos el de las Bahamas es mucho peor y si me pongo a pensar encuentro más ejemplos). Una vez con las maletas en mano y ninguna abierta, vemos a lo lejos detrás de una multitud de negros a un negro todavía más oscuro (Medo) y a mi querido José Luis (el misionero). Después de pelearse con todos los negros que querían llevarnos el carro conseguimos estar todos en el coche y simplemente sonreírnos unos a los otros.
Para situarnos un poco, Medo es el “hijo de Grampa” o como diríamos los blancos, su hombre de confianza y su mano derecha. José Luis (aquí conocido como grampa) le transmite todo su conocimiento para conseguir que este pueblo siga adelante. Es tierno, risueño y no deja de sonreír ni un instante donde puedes ver sus únicos cuatro dientes porque la última vez que estuvieron los dentistas aquí le quitarnos 15 raíces. Habla inglés perfectamente aunque con un acento un tanto particular. Rápidamente hicimos grandes migas.
Una vez en el coche nos dirigimos al ferry para cruzar a Freetown porque el aeropuerto está en Lunghi. Tuvimos que espera un par de horitas (llegamos a las 5 de la mañana) pero ya había 12 coches por delante. Freetown es un caos pero con encanto. Compramos unas cosas y nos fuimos a comer a la playita a un sitio delicioso. Después de muchas horas de coche llegamos a la misión que está situada al norte del país. Es la zona más pobre dentro de un país que tiene el IDH más bajo pero la verdad es que no tengo la sensación de pobreza que plantean. Todo está muy verde porque es la época de lluvias y está precioso. Una vez en la misión conocimos al resto de la “familia”. Coco, es un cooperante de 38 años que ha venido un año a encargarse de la parte de enseñanza. Es simpático y gracioso y desde el primer momento hemos conectado muy bien. Y el otro miembro es Jamer (o Mamy) que es un religioso filipino que antes de entrar en la orden era estilista y cocina que da gusto. El día acabó después de la cena con una ducha y durmiendo en un cuarto maravilloso con cama de matrimonio para mi solita.
Martes 29.
Después de un buen desayuno con la piña que me compró José Luis nos hemos puesto en marcha. Lo primero ha sido elegir la localización del invernadero. Lo hemos situado en el único sitio que podíamos pero está bien aunque tenemos que trabajar sobre el terreno. He delimitado el perímetro y a golpe de machetazo han cortado todo lo que se ponía por medio (no te extraña que cortasen manos con eso) y luego nos hemos ido a dar una vuelta por la misión a conocer todo lo que hay. Mañana haré fotos para enseñaros todo porque es increíble. José Luis ha montado una casa para cooperantes que muchos quisiésemos para nosotros, con sus cuatro cuartos con baño incluido, un salón con azulejos y una terracita de ensueño. Como vienen las dentistas la semana que viene hay que acabar los detalles finales (pintar puertas, arreglar los baños….) y con eso he empezado mi primer día. Hemos empezado a colocar un set de espejo, jabonera, toallero y tocador y las cortinas de la ducha en los 4 baños. Estaba con Medo haciéndolo, más bien mirando como lo hacia y aportaba mi granito de arena hasta que ha llegado José Luis y le he dicho en español que yo podía hacerlo que mandase a Medo a hacer otra cosa. Se lo ha dicho a Medo y con cara de sorprendido y de “no me lo creo” me ha dejado el nivel y la taladradora. Cuando estaba dispuesta a hacer mi primer agujero miro por el rabillo del ojo y veo que tengo 4 negros mirándome con cara atónita pero no sólo eso sino a las negritas alucinando con que una mujer supiese hacer eso. Con mi circo montado he empezado a montar las cosas aunque Medo no me perdía de vista. Ha llegado el momento de colocar la primera cortina para lo que había que cortar una barra. Le he hecho a Medo la marca pero ha pasado olímpicamente y entre risas le decía “Pero Medito confía en mi” y después de muchas risas y cuatro intentos por parte de Medo ha cortado por donde yo decía y José Luis y todos sin parar de reír le decíamos a Medo que tenía que creerme y con una de sus mejores sonrisas me ha contestado “yo ayer me di cuenta en la tienda que sabía lo que hacía” (ayer nos fuimos los dos a comprar unas barras para la cortinas y había que calcular cuantas había que comprar y que comprar). Pero sobretodo es que al contrario de muchos españoles “Medito” ha sabido asumir esta situación y aún sin confiar en mí al principio me dejó el nivel y las herramientas, ya os digo que es increíble. Después de otra gran comida hemos pegado las pegatinas en el Toyota que mañana sin falta os mando una foto. El coche es fantástico, gracias a todos por haber confiado en mí. Me ha ayudado Medo que ahora me llama “Boss” y nos han quedado de vicio. Y después hemos acabado los baños Medo y yo porque para el único agujero que han hecho Aurora y Carlos lo han hecho torcido pero la intención es lo que cuentan porque nos querían ayudar con lo que fuera pero no tienen tantas horas como yo contigo papá. Y para terminar el día con algo adorable, he sacado el juego de las pompas de jabón con los niños que hay en la misión y no hay palabras para describir su cara cuando hacían las pompas y cuando las perseguían para romperlas. Lo que está claro es que da igual de que color sean los niños del mundo, sólo tienen ganas de vivir.
Un saludo enorme a todos
Con todo mi cariño
Irene
martes, 29 de julio de 2008
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1 comentario:
Primero un comentario para la madre de la susodicha Irene. O yo no soy de la familia o el campamento 126 de Camerún no es el Africa profunda, pero eso sí, Irene es la primera de la familia que va al Africa profunda a trabajar.
Irene, no sabes como me alegro que estes alli, por lo que cuentas es parecido a Camerun, la gente es sonriente y cariñosa. No te preocupes por los mosquitos en los aviones, en cuanto despegan pulverizan insecticida pero el olor, ese es imposible de esconder. Gracias a Dios, la pituitaria después de unos minutos se anestesia... o muere!!! Animo y puedes hacer una paella con las gallinas de Guinea para demostrar todas tus habilidades!!!!
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